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Y ¿por qué Namibia?

Nosotros lo teníamos clarísimo. Sin embargo, cada vez que contábamos a nuestro alrededor que nos íbamos a Namibia de vacaciones, la gente no lo entendía muy bien: ¿pero qué hay allí?
Y es que Namibia no es un destino habitual de los españoles. La mayoría del turismo que recibe Namibia procede de Alemania por su condición de antigua colonia alemana.

La variedad y la riqueza de los paisajes hacen de Namibia un país excepcional. Para los amantes de la fauna salvaje de la sabana africana, el Parque Natural de Etosha es un paraíso. Abundan los antílopes y podremos encontrar tanto al más pequeño de ellos y endémico de esta zona del mundo, el Damara Dik-dik, como al más grande de ellos: el eland, con su espectacular pelaje entre beige y dorado. Los oryx son cautivadores con las líneas de su cara tan bien dibujadas, como si llevasen una máscara. Elefantes, leones y rinocerontes son fáciles de ver.
Más suerte tiene que tener uno para ver un leopardo… ¡Nosotros la tuvimos! Era poco después del amanecer, cerca de la pista que recorríamos. El volvía a casa, nosotros acabábamos de salir de ella ansiosos por encontrar algo especial que recompensase nuestro madrugón. Y apareció de la nada. Cruzó la carretera. Se detuvo, se giró para mirarnos y, simplemente, nos ignoró siguiendo su camino.
Una noche fuimos espectadores privilegiados de una escena que jamás podría uno pensar que ocurriese y, sobre todo, con tantísima armonía: tres rinocerontes, cinco leones y una familia de 15 elefantes compartieron espacio alrededor de la charca próxima al campamento de Okaukuejo.

El romático paisaje de la Costa de los Esqueletos contrasta con la árida sabana de Etosha. Aquí, el mar, más bien agitado, se extiende hasta el infinito y unos atardeceres de película nos transportan allá donde queramos ir. Eso sí, un escalofrío recorre el cuerpo cuando uno se para a pensar en que en ese mar idílico y en la misma orilla abundan los tiburones…

Damaraland, encajada entre la costa y el parque natural, exhibe sus espectaculares montañas anaranjadas y los valles entre ellas son el hábitat de los elefantes del desierto. Unas criaturas de prodigiosa memoria que les permite recordar exactamente la localización de los escasos puntos de agua existentes a su alcance. En busca de estas fuentes para saciar su sed recorren hasta 70 km diarios. Con el paso del tiempo los elefantes del desierto se han ido adaptando al entorno, desarrollando unas patas con mayor superficie para poder caminar mejor sobre la arena y recorrer esas grandes distancias.

He guardado para el final el lugar que creo más especial de este viaje: las dunas de Sossusvlei. De una preciosa arena rojiza, pertenecen estas dunas al desierto más antiguo del mundo: el desierto del Namib. Son también de las más altas que existen. Vale la pena subir andando Big Daddy, pero conviene estar algo en forma para hacerlo. Caminar sobre la arena es agotador. La recompensa es el paisaje: las dunas se suceden hasta donde nuestra vista alcanza.

Namibia está llena de lugares especiales, cada uno diferente del otro, con experiencias singulares para vivir en cada uno de ellos.

© Text - Nuria Quintana


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